Es difícil explicar aquel sentir,
pero de tan sólo recordarlo cada una de las fibras de su ser se estremecían con
tal fuerza, no puede dejar de imaginar cada momento, cada segundo, su cuerpo y su
alma anhelaban volver a vivirlo. Era como un despertar, despertar a un mundo
nuevo, lleno de sensaciones en las que se sumergía y se dejaba llevar y quería
dejarse llevar, tal como la corriente lo hace. Al cerrar los ojos veía
repetirse la escena una y otra vez, era como un sueño del que no quería
despertar, deseaba seguir viviéndolo, pero solo por instantes era real… un
sueño que al avanzar del reloj se volvió más ligero y fácil se desvaneció.
“No importaba nada sólo ese
lugar, sólo ese momento, sólo estar con él, sentir su piel tocar la mía, sentir
sus labios rozar los míos, su aliento tan cerca de mí. Recorría mi cuerpo y sin
saberlo mi ser y mi alma, y yo dejándome embriagar por sus besos, perdiendo la
razón al imaginar aquella escena
perdiéndome en la locura al ver que por instantes era todo real…”
Recuerda aquel efímero momento
como si aun lo viviera, una ilusión inundó todo su ser por algunos instantes,
creció la esperanza que pudiera tal vez convertirse verdaderamente en realidad.
Pensó, sintió que tal vez todo podría
ser real, y al fin encontraría ese amor, la felicidad se volvería su amiga
inseparable, pero al caer un vaso y ver cada uno de los pedacitos rotos en el
piso, despertó de aquel maravilloso sueño, de aquel inolvidable sueño y tal
como los pedacitos de vidrio debía desechar su esperanza, terminar con todo, y
volver a la realidad, a la triste realidad de la soledad, soledad que
nuevamente se transforma en su sombra inseparable, soledad que no se quiere
despegar de su vida y la persigue alejando de su alma toda ilusión de compañía,
aquella utopía que su corazón buscaba, a la que
desesperadamente se aferraba, pero nuevamente todo terminaba y volvía a
ser como antes, como siempre…
Pero a pesar de todo era feliz
porque- dolía, si dolía mucho el alma y el corazón al ver nuevamente la ilusión
rota- pero pudo experimentar aquella mágica sensación, pudo sentir su alma el
placer de amar y derribar todos los prejuicios, pudo su corazón ser capaz de
resistir tal cuota de éxtasis y disfrutar el momento aferrada a la ilusión de
que no se terminaría, mas sabiendo con certeza que todo estaba destinado a
nunca tan siquiera comenzar… en esos instantes
no importaba nada, era realmente feliz y nada podría haber arruinado ese
momento, el más especial de todos, el que permitió que por algunos momentos
volviera a creer en ella, en él, en el amor, en la vida y también en la
felicidad. Aunque sea sólo sea por un corto tiempo, ella fue feliz.
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